martes, 15 de mayo de 2012

Cuando cruzar la calle es ilegal un país se va al garete

Antes de nada he de decir que el título de este escrito no es cosecha propia, se lo he "robado" a Laura Díaz, que el sábado 12 de mayo de 2012 fue detenida simplemente por que "estaba en el sitio equivocado en el momento equivocado" según le dijo un policía.

Hoy se cumple un año del nacimiento del movimiento 15-M y como hemos podido ver gracias a las imágenes de televisión sigue vivito y coleando. Claro que ahora, en palabras de la Delegada del Gobierno en Madrid, "es un movimiento radical, sustentado orgánica y económicamente por un partido político"; se supone que ese mismo partido al que dejo tocado en las elecciones municipales y autonómicas en mayo de 2011 y le dio la puntilla en las elecciones generales del pasado 20 de noviembre, dando la mayoría absoluta al Partido Popular y a Mariano Rajoy, que tantos guiños les dirigía entonces.

Otra de las proclamas anti15M que se ha escuchado en las múltiples tertulias que jalonan nuestras radios y televisiones, es la de que este movimiento está constituido por una panda de perro-flautas, dícese de alguien sin estudios, en paro y marginal y que tienen poco aprecio por el agua y el jabón.

Pero va y se le ocurre a una tal Tiina Likki, profesora de la Universidad de Lausanne (Suiza), hacer un estudio sobre el Movimiento 15M y descubre que:

1) No es sólo un movimiento de los jóvenes y marginados. La edad media de los integrantes son los 33 años, tienen estudios universitarios, tienen empleo y consideran que su situación financiera actual como relativamente buena, aunque tienen una gran inquietud acerca de su situación financiera futura.

2) Se muestran profundamente preocupados por la corrupción política, los mercados financieros globales y los bancos, así como cuestiones relacionadas con el gasto público.

3) Cuentan con unos principios morales muy arraigados, pero albergan pocas esperanzas por las desigualdades económicas existentes.

4) Para los integrantes del 15M, la crisis actual es vista como una contraposición entre los grupos desfavorecidos (desempleados, trabajadores, jovenes, dependendientes,...) y los poderes fácticos (élites políticas, banca, compañías multinacionales,...)

Pero lo más importante de este estudio es que, frente a la opinión generalizada, los integrantes del Movimiento 15M no son apolíticos, pese a que mayoritariamente no tengan una participación activa en los partidos políticos tradicionales, más del 80% forma parte de alguna asociación o movimiento ciudadano. Frente a lo que está ocurriendo en el resto de países de la Unión Europea en los que se ve un resurgir de los movimientos políticos extremistas: nazis y fascistas, grupos antisistema,...; en nuestro país el 15M ha sido capaz de canalizar el descontento social existente y articular un ecosistema diferente, en el que grupos heterogéneos encuentran un espacio donde debatir ideas y defender cuestiones, supuestamente, minoritarias. Monárquicos, republicanos, homosexuales, heterosexuales, feministas, libertarios, ecologistas, gente con banderas de Islandia, de Grecia, de Siria, de Palestina e incluso de España; todos son bienvenidos, pueden acercarse a las Asambleas y hacer sus propuestas. Este es el espacio del 15M, un espacio libre, un espacio en el que cualquiera pueda ser escuchado, un espacio de todos y para todos.

Según afirma este estudio, los integrantes del 15M no se perciben a sí mismos como un grupo de radicales solo motivado por su interés, buscan que el cambio beneficie a todos los ciudadanos, incluso, a toda la humanidad.

Los partidos izquierdas en general no han prestado oídos a la gravedad de las denuncias del 15M. Los partidos socialdemócratas no han tomado ni la menor nota de las propuestas del 15M, en sus programas electorales. Se supone que el 15M es un movimiento libertario, horizontal y sin líderes; pero su programa primigenio es esencialmente socialdemócrata. Los partidos nacionalistas independentistas han apostado por un Estado propio como solución a la situación, pero siguen sin molestarse en explicar por qué Grecia, Italia o España, también Estados propios, no han sido su propia solución y han tenido que girar su mirada a la UE, para que, como siempre, les saque las castañas del fuego.

Además las dos formaciones políticas, con supuesta capacidad de gobierno, han perdido el prestigio social y parece ser que, tras las políticas desarrolladas, no están dispuestos a abandonar el poder y regenerar sus cuadros orgánicos y sus principios ideológicos.

El 15M está trabajando de una manera constante y es posible que las actuaciones, tanto del PSOE como del PP, contra el estado del bienestar y las libertades democráticas pueda llegar a ser juzgada en su día por la sociedad, en lo que es una presión nueva para los gobernantes.

Hoy hace un año del 15M y el Estado ha llegado, finalmente, a su penúltima casilla: la de restringir derechos y libertades y sacar la porra a pasear.

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