Como habréis podido observar, por si alguien no se ha enterado se lo cuento, estamos inmersos en una campaña electoral. Pero la sensación generalizada es que no hay nada que hacer y que todo está decidido. Entonces ¿por qué tengo que hacer algo?
Interesante pregunta, si no fuera por que la respuesta es muy obvia, que ¿qué tengo que hacer? muy sencillo ejercer mi derecho y obligación democrática, analizar y evaluar los programas electorales de cada una de las distintas candidaturas a las que puedo dar mi apoyo en mi circunscripción electoral y, en conciencia, apoyar con mi voto a aquella que considere que mejor va a defender mis intereses y los de los míos.
Ésta es razón más que suficiente para responder a la pregunta, pero hay alguna razón más para demostrarnos que estamos equivocados en el simple echo de plantearnos esta cuestión.
Si hay algo que la democracia nos ha enseñado es que nada está decidido hasta que las urnas se abren y se cuentan los votos que, soberanamente, ha depositado en ellas la ciudadanía. Sin ir más lejos, en Daganzo, el pueblo donde vivo, el pasado mes de mayo los socialistas sufrimos una enorme decepción cuando la candidatura del partido popular de Daganzo, fue apoyada por la mayoría de los vecinos. Ellos en conciencia, aunque alguno siga pretendiendo culpar de todo al empedrado, decidieron que querían un cambio en la dirección de nuestro gobierno municipal; cuando los socialistas nos limitábamos a hacer cuentas calculando por cuanto iba a ser la goleada... y al final nos ganaron el partido.
Esto viene a demostrar que, si bien son importantes las sensaciones y lo que dicen las encuestas, al final es el voto de los ciudadanos el que decide quien va a responsabilizarse de la dirección, en este caso, del gobierno de nuestra nación y que por que modelo político apostamos.
Y aquí surge otra de las cosas que podemos hacer, podemos contar a nuestros vecinos, amigos, conocidos, familiares, compañeros de trabajo...; cual es el modelo político por el que apostamos. Debemos ser conscientes del poder de convicción y nuestra capacidad de prescripción hacia los que nos rodean, para, de esta forma, lograr encaminar y orientar el voto de estas personas hacia el modelo político en el que, en conciencia, creemos.
Yo no soy nada sospechoso de mis ideas e inclinaciones políticas. Yo soy una persona que cree en un modelo en el que las políticas sociales sean prioritarias, en el que el poder sea detentado por la ciudadanía y no por los mercados y poderes económicos, en el que todos tengamos las mismas oportunidades independientemente del tamaño de nuestra cuenta bancaria, en el que existan una sanidad y educación públicas y de calidad, en el que no se discrimine a nadie por su opción sexual, en el que ser mujer no sea una barrera, en el que haya una auténtica y efectiva protección a los dependientes, en el que la innovación y la sostenibilidad sean las guías de su política económica y sean la senda para la creación de un empleo consolidado y de calidad...; en fin, un modelo como el que defiende Alfredo Pérez Rubalcaba, un modelo como el que defiende el PSOE.
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